Hotel en Cabanelas

O Carballiño, Ourense

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Tradicionalmente la arquitectura popular se ha adaptado a este tipo de paisaje de fuertes pendientes mediante la formalización de bancales. De una u otra manera, este tipo de adaptación del entorno se viene desarrollando en culturas tan distantes como la China tradicional, la América precolombina y muchas partes de la Península Ibérica. Los que están presentes en esta zona se denominan comúnmente “socalcos do Ribeiro”. Así pues, recuperando la imagen icónica de los socalcos del Ribeiro, la tipología elegida es la de edificio semienterrado a media ladera para los usos privados y piezas ortoédricas exentas para los usos públicos. Esta dualidad público-privado, enterrado-emergente, se traduce también en la materialidad del proyecto, en la estructura y en la piel.

 

Las piezas emergentes contienen el programa más público del hotel, mientras que la parte enterrada contiene el programa privado. Dentro de esta parte semienterrada tenemos tres plantas a media ladera: la más baja para el aparcamiento, la siguiente para la vivienda y la última para las habitaciones estándar del hotel. Las piezas emergentes son cinco, la principal tiene dos plantas mientras que el resto tienen solo una.

 

Lo emergente se vincula con lo local, y por lo tanto es parte del pueblo, generando espacio de relación y abriendo sus usos al pueblo, como el bar-vinoteca, la tienda, el comedor y la terraza. Este espacio es a su vez punto de partida para excursionistas y viajeros y punto de encuentro para ferias del vino, fiestas locales y celebraciones. Para ello las piezas hacen uso de una escala controlada de una altura, salvo la pieza principal, de dos alturas, adaptándose a la escala del núcleo próximo de Quintela. El material de fachada será el acero cortén, que recoge las trazas de las hojas rojizas de los viñedos de Cabanelas. Las piezas se unen con ligeras pasarelas, abiertas o cerradas según su vinculación.

 

Lo enterrado se vincula con el paisaje, se abre al sur, al valle. Pretende participar del paisaje escalonado del Ribeiro, de sus muros de piedra a los que se alinea para formar uno solo, de sus espalderas a las que se enzarza el aroma de las vides. Y para ello estos muros de piedra propios del paisaje del Ribeiro se convierten en brise-soleil de hormigón que nos protegen del sol y nos enmarcan el paisaje. Por lo tanto el edificio cose el paisaje abancalado siendo él un bancal más, y nosotros estamos dentro.